Aquel parque

Hoy he vuelto a tumbarme en el césped del mismo parque donde de pequeño pasaba las horas jugando. En mi ipod sonaba la voz de Steven Tyler cantando la melancólica canción “Crazy”. Mis ojos clavados en uno de los cielos más azules que yo había visto jamás. La última vez que yo había estado allí fue hace unos 11 años para compartir uno de esos momentos más geniales de mi vida con alguien muy especial, como solíamos hacer. Lo cierto es que no es casualidad que esta tarde yo acudiera a ese mismo sitio, hoy quería homenajear la memoria de esa persona y no se me ocurría mejor lugar. El dulce vaivén de los acordes que salían de la guitarra de Joe Perry me transportaban a los viejos tiempos de peonza, canicas y balones del todo antirreglamentarios. En aquel parque viví los días más felices de mi infancia con el mejor grupo de amigos que un chaval de aquel barrio podía tener.

Allí aprendí lo verdaderamente importante de la vida. Aprendí lo que era la amistad, el amor, el dolor, la felicidad, el odio, la traición, la responsabilidad…incluso a madurar aunque muchas veces no lo ponga en práctica. Todo eso sólo era posible gracias a esas personas que siempre me acompañaron a lo largo de aquellos años. Aerosmith había dado paso a Damien Rice con la canción “Grey Room”. Sonreí…recordé mi primer beso bajo un tobogán que ya no existe de aquel parque, un refugio que durante mucho tiempo guardó más de un secreto entre ella y yo. Por un momento creí vivir esos días en ese preciso instante. Era feliz de nuevo enredándome en aquella melena rubia, perdiéndome en aquellos labios.

La entrada en la adolescencia cambió el significado de todo lo que conocíamos. Ya no veíamos la vida del mismo modo y decidimos que ya eramos lo suficientemente mayores para adoptar actitudes autodestructivas. Lo único que no cambió fue ese parque donde aún seguíamos desgastando nuestros días juntos. Los primeros cigarros, los primeros copazos, las primeras discusiones serias, las primeras rupturas…y de repente…todos han cambiado y las vueltas que da la vida te empujan a marcharte lejos de todo aquello que conocías…lo único que yo conocía. Ironías de la vida…en ese instante de mis pensamientos comienza a sonar “Ulysses” de Franz Ferdinand.

Nuevo barrio, nuevo parque, nueva gente…pero nada es igual. Me negaba a olvidar lo que había sido mi vida hasta ese momento, no iba a suplantar a esa gente que tanto quería, pero la distancia pudo con todos y con el tiempo todo aquello…esa vida, ese parque y esa gente…pasaron a ser una bonita canción, una vieja historia y unos recuerdos dentro de una caja en el fondo del armario. “Stop Crying Your Heart Out”…Oasis sonaba intentando consolar mi espíritu que no podía parar de llorar en aquel instante.

Hoy he sabido que una de esas personas que quedaron atrás, se ha marchado para siempre de aquel parque. Ha sucumbido en la misma batalla que yo una vez gané. Hoy, tumbado en aquel césped, deseé con todas mis fuerzas que allá donde esté ahora pueda encontrar un nuevo parque y nueva gente, pero que jamás olvide los columpios que ahora chirrían a mi lado, aquellos árboles que nosotros utilizábamos de porterías, aquel gran tobogán que nos ocultaba de los demás…que no nos olvide a todos los que vivimos aquellos días juntos.

Empezó a sonar “Teenagers” de My Chemical Romance y decidí que ya era hora de marcharme. Me incorporé, me sequé las lágrimas y le di las gracias a esa persona especial por haberme hecho sacar esa polvorienta caja del fondo del armario. No se cuando volveré a aquel parque, pero al menos por esta noche allí las estrellas brillarán con más intensidad.