Contigo o sin ti: un deseo de Navidad

Quiso vomitar todos sus miedos, pero su alma agarrotada por el frío de la soledad no se lo permitía. Su rostro era el reflejo apático de las luces que los coches proyectaban al cruzarse en su camino. En sus ojos destellaban los colores vivos de los escaparates navideños de la ciudad. Olor a castañas asadas acariciaba el aire urbano que en esas fechas se disfrazaba de abrazos familiares y sonrisas infantiles. La ilusión de las canciones que se escuchaban a través de cada ladrillo y adoquín le era ajena. Caminaba, o flotaba, o se difuminaba.

No sentía el calor que la gente compartía a su alrededor. A él no le engañaban, ni esa noche ni la anterior, ni probablemente las siguientes, serían menos frías que cualquiera de las otras que recordara haber vivido. Y no es que no le gustara la Navidad, es que solo tenía sentido si podía vivirla contigo. Puede que no quisiera recordar más allá de las sábanas frías. Puede que aquellos recuerdos solo evocaran el fantasma en el que te has convertido. O tal vez es que ahora se siente más cómodo entre sus paredes grises y sus libros polvorientos.

Era Navidad, y él la encerraba dentro de una bola de cristal con nieve, como un souvenir más de los días que negaría haber vivido. Mientras, seguía caminando aquella noche, sin un rumbo fijado, perdiendo a cada paso otro lunar de tu cuerpo, sin saber hasta donde le llevaría el olvido. Así me lo encontré, así se lo leí en su mirada, y así te lo escribo hoy.

Ahora ya sabes lo que yo sé y lo que él no quiere saber. Por eso te pido que vuelvas a arroparlo, que la esperanza no sea otro sueño vacío. Que tu fantasma se materialice de nuevo en su carne y tu cabello vuelva a enredarse entre sus días. Porque su vida puede ser contigo o sin ti, pero sin ti no hay Navidad, porque Navidad eres tú.

 

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