Filtro emocional

 

Es un arte buscar una pequeña sombra en la luz más brillante, como lo es encontrar un leve reflejo en un manto de oscuridad.

Así es como trato de hallar la esquiva inspiración en muchas ocasiones. A veces se trata de jugar al engaño con las emociones. Puedes revolcarte en las sucias palabras que te brinda el lodazal de tus sentimientos cuando estás hundido, o embriagarte con las dulces ideas que surgen del éxtasis de un buen momento, es lo fácil, pero no siempre es lo que necesitas escribir.

A menudo procuro buscarle el contrapunto al corazón, y al final no todo lo que sale de él se traduce en el papel. A eso lo llamo escribir con filtro emocional, usando la cabeza. No hablo de escribir sin emociones (dudo que pueda hacerse, y de ser así, cuanto menos debería estar prohibido), sino de ser capaz de seleccionar las que te interesen para lograr tu objetivo.  Conseguir el perfecto equilibro para darle forma al papel, llamar a la inspiración para ponerla al servicio del poco o mucho talento que puedas tener.

Enmascarar tus emociones detrás de un papel es un arte, casi siempre necesario en tiempos de crisis. Pero dejarte llevar…eso es un placer. Cuando el papel te llama, y no al revés. Cuando tu corazón se desborda por tus manos, ya te duela o te haga feliz…es decir, cuando es la inspiración la que te encuentra y no eres tú quién la busca…entonces escribes libre, y el resultado te da igual. No hay mejor desahogo en mi opinión.

No existe un modo mejor que otro. lo importante es que te satisfaga la necesidad de escribir y sentirte bien.

Imagen extraída de http://www.entretantomagazine.com/

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Dolor blanco

Hay momentos en los que la pluma pesa más que el plomo…imposible volar, imposible escribir, imposible soñar. Esos momentos pueden durar mucho o poco, todo depende  de las situaciones que normalmente no controlamos.  De un tiempo a esta parte es lo que viene ocurriendo. Mucho se está perdiendo en mis folios blancos, impolutos…inocentes de toda perversidad, genialidad, ternura o sucia pasión.

Ocurre que hace tiempo que no encuentro las palabras, me son esquivas. Ideas pasan a la velocidad de la luz por mi cabeza y el obturador de mi mente no es capaz de moverse lo suficientemente rápido para captarlas. Las imágenes de lo que quiero crear se difuminan, se emborronan antes de llegar a mi mano…no queda tinta en mí, no hay sangre.

Tengo miedo. Ese es mi mayor problema. Me he perdido y temo no saber volver. Ya no sueño, porque no queda espacio en este mundo para soñadores, sólo para radicales sin corazón que juegan a embolsarse la ilusión de los demás. Yo no soy así, ni quiero serlo, por eso no me encuentro. Desplazado de todo lo que consideré mi hogar no recibo la santa inspiración…que sólo se refleja en tus ojos.

Hoy en Madrid bajo el frío y las nubes amenazantes mueren miles de historias como la mía. Son arrasadas y apaleadas por gente que no tiene interés mayor que el de lucrarse con nuestras ciegas esperanzas. Por eso necesito luz y calor que solo encuentro entre tus brazos. Aquí, solo como estoy, no soy más que otro derrotado en una lucha descarnada. Contigo no hay luchas necesarias, ni grises salvajes.

No escribo, por el dolor que me produce no saber que escribir. Me arropo con hojas en blanco aterrado  porque quiero volver y no sé hacerlo. Dolor por no sentirme libre, dolor por el frío que me causa estar tan lejos de tus piernas. Dolor blanco de ideas vacías…ahí es donde me hundo…rescátame…

Nuestra ruleta

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De nuevo tú y yo, frente a frente. Otra vez preparados para empezar a jugar. Entre los dos la misma mesa de siempre bajo un mantel de desconfianza mutua. Ya hemos cargado el arma con cada uno de esos reproches que tanto odiamos y estamos listos para comenzar a dispararnos todas esas palabras que nos hacen daño, en busca de la definitiva que debe acabar con alguno de los dos…o quizás con ambos. El brillo de tus ojos denota demasiada confianza, me pregunto si tendrás nueva munición, y así lo espero, no quiero acabar rápido contigo, necesito disfrutar de esta partida.

Cargas la garganta y aprietas el gatillo, primer impacto. Ya conocía esa bala de sobra, como si no me rozara. Esa es tu forma de indicarme que te reservas algo bueno, no quieres reventarme…aún. Mi respuesta es otra bala inofensiva, un calentamiento sin efectos ofensivos. Seguimos esperando ese momento de ataque total con la impaciencia de un niño que come chocolate a mordisquitos para retrasar el final.

Tras un rato disparando fuera de la diana decides que es hora de jugar duro. Alcanzas la superficie de una vieja herida a punto de abrirse…me lo esperaba. Lanzo un contraataque de forma casi automática directo a tu pecho. Titubeas por un momento, pero sigues firme…¿Puede ser que resulte cierto que no tengas corazón?. Tu siguiente disparo abre la herida del todo. Un dolor punzante está a punto de tirarme al suelo, pero el orgullo me sostiene. Tiro de dignidad para encañonar de nuevo y proyectar la metralla de mis palabras hacia la cabeza. Zozobras sobre la silla, se que he dado donde debía, debo insistir por ese flanco. Tu respuesta resulta ser una bala que suena mas a defensa justificada que a un ataque incendiario de los que me tienes acostumbrado. Si no te conociera, pensaría que has arrojado la toalla, pero esa gélida cabeza siempre esconde un truco…una trampa esperándome en el rincón de la ingenuidad. Desconfío y decido golpear de nuevo por esa puerta abierta. Creo haber roto algo en tu interior, una especie de cortocircuito te hace bajar la mirada y deponer armas.

En mi cara comienza a abrirse paso una sonrisa, consciente de mi triunfo. Sin embargo, no dejo de observar como tu cabeza se eleva de nuevo, y tus ojos se clavan en los míos derritiéndose en amargas lágrimas. Mi sonrisa se cae al suelo en cachitos pequeñitos. El juego a vuelto a terminar y una vez más, los dos hemos perdido. Derrotados nos marchamos de la mano del dolor. Esta noche volveremos a amarnos y sanaremos las heridas, pero mañana seguramente volveremos a jugar como dos locos suicidas enamorados.

Eres mio…

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Hoy mi soledad vuelve a hablarme:

“Soy esa voz en tu cabeza a la que no quieres escuchar, a la que quieres evitar, pero que no puedes rechazar. No, claro que no puedes, soy lo único que te queda cada vez que vuelves a perderlo todo. Sabes que estamos destinados a estar juntos. Soy ese frío que hiela tu interior, pero lo único real que te hace sentir algo. Soy esa amiga leal que jamás te da la espalda a pesar de tu desprecio. Soy tu soledad y tú eres mio. Sabes que sin mi no serías tú…que las horas sólo pasan porque yo las hago fluir entre nosotros…que tus sueños sólo pueden ser eso, sueños. No importa lo que intentes o lo que hagas, será en vano. No importa a cuantas personas conozcas o las veces que te enamores de otras, ellas no son para ti. Tu condena es verlas marchar, alejarse de tu lado, deambular entre ellas como un simple bufón del que se ríen o sentir como su rechazo una vez más te empuja a mi. Porque tu vida sólo vale el precio que yo quiera cobrarte y ten por seguro que te desangraré si hace falta…acabaré contigo antes de verte con otra…eres mio y de nadie más, porque mi celoso amor es el único sentimiento que podrá acompañarte mientras respires el único aire que te permito respirar. Tu mundo no es el de ellos, tu mundo es el mio, el nuestro…el de nadie más. Eres mio…”