Nuestro camino

Nuestras manos unidas y nuestros ojos en la misma dirección, siempre hacia adelante…bueno, quizás alguna mirada se desvía hacia los ojos del otro, cómplice del juego picaresco por el que siempre nos movemos. Así sueño que caminamos, avanzando entre la locura y la agonía de un mundo que se va a la mierda, siempre hacia el horizonte de nuestra vida, juntos, sin llegar nunca.

Solo hay luz en nuestro sendero. A nuestro al rededor oscuridad y desaliento. Y reímos, reímos muy fuerte. Y seguimos caminando. Siempre embriagados por la pasión, abrazados por el calor del contacto. Eres la piel que visto, el hogar de mi intimidad. Soy el refugio de tus deseos, el baúl de tu felicidad. Susurramos si nos miramos, gritamos si los miramos, y seguimos caminando.

No hay altos en nuestro camino, no hay metas donde parar, pues nuestro objetivo es caminar. El camino se hace a nuestros pies. Ellos lo ven desde lejos, ignorantes, no pueden entenderlo. Ellos no ven lo que yo veo. Yo veo lo que tu ves. Y ambos vemos el horizonte, lanzándonos instantes y también eternidades, tiempo para querernos en este rincón de amantes. 

Quiero lo que tu amor me entregue de ti. Carne de tu carne y pasiones de los dos. Moldear nuevas vidas que siempre serán la nuestra, y perdurará mas allá de nosotros. Nuestro hogar es aquí, es ahora, y ¿mañana?…mañana también, porque nuestro camino empieza en nosotros y acaba en nosotros. Porque somos nuestro horizonte al que llegar, al que nunca llegaremos para nunca dejar de andar, juntos, de la mano, mirando en la misma dirección, siempre hacia delante…

Noche y día

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Hoy he despertado en el dulce enredo de tus sábanas. Echaba de menos el desconcierto de amanecer en un lugar desconocido bajo el calor y el aliento de alguien como tú. Estás dormida a mi lado, con esa cara angelical que no deja intuir el fuego que hace unas horas desprendías de tu interior. Anoche podía verme rabiosamente en tus ojos, esos ojos que me convierten en ese lunático que a ti tanto te encanta. Unos ojos que tras esa tierna claridad se oculta una violenta lucha de sentimientos entre la pasión de tus deseos y la desesperación por amar a alguien de verdad. Yo soy tu objetivo, y una mañana más me encuentro petrificado mirándote mientras sueñas con qué se yo… Me tienta acariciarte, besarte sin que te des cuenta y robarte unos minutos de esos momentos que sólo guardas para ti. Me inquieta esa percepción de sentirte tan lejos cuando aún me hallo inmerso en el calor que desprende tu cuerpo desnudo a mi lado. Recorro tu espalda con mi dedo mientras admiro el espectáculo en el que tu piel se eriza de tal modo que no puedo más que temblar.

Me muero por volver a explorar tus calles contigo de la mano. Por sentirte de nuevo mezclándote conmigo y erosionar tus deseos más indecentes. Vuelvo a resguardarme bajo tus brazos, te beso en el la boca, concretamente en el labio superior…y me quedo ahí, inhalando el aire que expulsas al respirar, como si de ese modo pudiera conseguir guardar un pedazo de ti dentro de mi. Sólo quiero que este momento, toda la noche que hemos vivido, todo ese día quede grabado en nuestra cabeza y en nuestro corazón por siempre, porque voy a levantarme y desconozco si volveremos a esta situación, si algún día podré volver a mirarte y desearte mientras duermes tras una noche frenética entre un torbellino de emociones casi indescriptibles.

Porque amarte una noche ya no me resulta suficiente, quiero tenerte todas las noches…y si no es posible, no quiero volver a jugar a un juego que me atrapará para dejarme después al margen de ti, de todo lo que quiero…



Nuestra lucha

No se como ha sucedido, pero una vez más nos encontramos otra noche tú y yo en otra intensa lucha de contacto contra la pared de tu cuarto. De nuevo no sé si soy yo quien te tiene acorralada contra la pared o eres tú quien me tiene acorralado a mi contra el resto de tu habitación. Sin embargo no es como aquella primera noche cuando nos conocimos en aquel local de pocas luces y mucho vicio y ambos buscábamos el consuelo en vasos alargados de cristal. Esa noche yo estaba sólo en ese local, y tú también, ambos al lado del otro en la barra pero a kilómetros de distancia, hasta que nuestros vasos murieron casi al mismo tiempo. Entonces nos dimos cuenta de nuestra mutua presencia casi por sorpresa y tus ojos verdes se abrazaron con los marrones míos, y bastó medio segundo para decirnos que no queríamos seguir sólos…esa noche no. La lujuria del deseo en un taxi nos llevó al mismo punto en el que nos encontramos ahora, pero esta noche sí sabemos cuando, donde y cómo besarnos, tocarnos y sentirnos.

Una batalla de pasión y arrebatos en el que tú te deshaces de cada una de las fortalezas que conforman los botones de mi camisa mientras mis manos derriban la frontera que forma el borde de tu falda entre el paraíso de tus piernas y el infierno de mi perdición. Como árboles que se desnudan de forma natural en otoño, nos vamos deshojando de camino a la cama, donde no existen recuerdos, pasados ni futuros, sólo el calor del presente y el sudor entre las sábanas. Nos revolvemos en una lucha cuerpo a cuerpo en el que ambos buscamos perder vendiendo cara la victoria, en un colchón que absorbe cada pecado casi al instante de cometerlo. El fuego que baña el fragor de la batalla va quemando los jadeos ascendentes que son el himno de tu bandera y también del mio…una guerra civil donde sólo habrá ganadores, esta noche.

Y cuando los tambores de guerra terminan ahí estamos tú y yo, uno sobre el otro y viceversa, mirándonos, extrañados de que no hubiésemos estado así toda nuestra vida y sin embargo, sin saber muy bien como hemos llegado a ello. Ahora sólo esperamos que el alba venga a recoger nuestros cuerpos, a que nos encuentre victoriosos en tu cama para derrotarnos en un nuevo día que nos volverá a separar para obligarnos a buscarnos una noche más.