Lucho

Por tu piel si lucharía, y lucho.

Sobretodo por esas gotas de sudor que te recorren desde la frente hasta las sábanas revueltas cuando deshacemos nuestras vidas bailando al son de la locura que nos come por desearnos tanto.

Lucharía, y lucho, por pasar el invierno en tu pecho, y en primavera poder trepar por tu cuello hasta tus rizos. Y en ellos respirar profundamente el olor que trae el viento de libertad que envuelve tu cama.

Lucharía, y lucho, contra el fracaso que habita en las ruinas de mis sueños rotos, pues ahora sueño con un otoño en tu ombligo y un verano en tus caderas.

Lucharía, y lucho, por cambiar el fuego fatuo que emana de mis fantasmas por los candentes dedos de tus manos, al contacto con el fuego de mi cuerpo junto al tuyo.

Lucharía, y lucho, simplemente por ti y complejamente por nosotros.

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Imagen extraída de https://navajadepapel.es/

La guerra de nuestros mundos

 

Siempre nos buscamos al caer todas las bases.

Siempre nos encontramos.

Y siempre nos besamos.

Nos abrazamos.

Y follamos.

Amamos.

Amén.

 

Y así cuidamos de nuestro mundo interior,

el de los dos.

Así desesperamos en nuestro mundo exterior,

tú en el tuyo y yo en el mío.

Así incendiamos las ganas y el valor,

tú el mío y yo el tuyo.

 

Y cuando las bases sean de nuevo sólidas,

ataré mis principios a tus finales.

El tiempo y el espacio serán banales.

Volverán a caer las bases.

Volveremos a buscarnos,

y volveremos a encontrarnos.

No dejaremos ni un segundo de besarnos,

y jamás encontraremos un motivo para dejar de abrazarnos.

Follaremos, amaremos…y amén.

 

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Nuestra lucha

No se como ha sucedido, pero una vez más nos encontramos otra noche tú y yo en otra intensa lucha de contacto contra la pared de tu cuarto. De nuevo no sé si soy yo quien te tiene acorralada contra la pared o eres tú quien me tiene acorralado a mi contra el resto de tu habitación. Sin embargo no es como aquella primera noche cuando nos conocimos en aquel local de pocas luces y mucho vicio y ambos buscábamos el consuelo en vasos alargados de cristal. Esa noche yo estaba sólo en ese local, y tú también, ambos al lado del otro en la barra pero a kilómetros de distancia, hasta que nuestros vasos murieron casi al mismo tiempo. Entonces nos dimos cuenta de nuestra mutua presencia casi por sorpresa y tus ojos verdes se abrazaron con los marrones míos, y bastó medio segundo para decirnos que no queríamos seguir sólos…esa noche no. La lujuria del deseo en un taxi nos llevó al mismo punto en el que nos encontramos ahora, pero esta noche sí sabemos cuando, donde y cómo besarnos, tocarnos y sentirnos.

Una batalla de pasión y arrebatos en el que tú te deshaces de cada una de las fortalezas que conforman los botones de mi camisa mientras mis manos derriban la frontera que forma el borde de tu falda entre el paraíso de tus piernas y el infierno de mi perdición. Como árboles que se desnudan de forma natural en otoño, nos vamos deshojando de camino a la cama, donde no existen recuerdos, pasados ni futuros, sólo el calor del presente y el sudor entre las sábanas. Nos revolvemos en una lucha cuerpo a cuerpo en el que ambos buscamos perder vendiendo cara la victoria, en un colchón que absorbe cada pecado casi al instante de cometerlo. El fuego que baña el fragor de la batalla va quemando los jadeos ascendentes que son el himno de tu bandera y también del mio…una guerra civil donde sólo habrá ganadores, esta noche.

Y cuando los tambores de guerra terminan ahí estamos tú y yo, uno sobre el otro y viceversa, mirándonos, extrañados de que no hubiésemos estado así toda nuestra vida y sin embargo, sin saber muy bien como hemos llegado a ello. Ahora sólo esperamos que el alba venga a recoger nuestros cuerpos, a que nos encuentre victoriosos en tu cama para derrotarnos en un nuevo día que nos volverá a separar para obligarnos a buscarnos una noche más.